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Rasgos esenciales del juego

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2.7.2 Rasgos esenciales del juego Al referirme a la necesidad del juego ya he adelantado dos de los rasgos esenciales como son: su capacidad de producir catarsis y la de ocupar el vacío del tiempo de ocio. Fink y sus seguidores afirman que el juego es autotélico, es decir, “tiene su finalidad y su sentido en sí mismo” (1995 [1979], pág. 224), sin embargo ya hemos visto que Monod afirma que obtiene resultados aunque no sean buscados (es teleonómico). Los rasgos más evidentes del juego son su carácter festivo y por la felicidad obtenida en el ámbito de la fantasía. El carácter festivo viene dado por su realización fuera del tiempo de trabajo. La felicidad la proporciona el que se trata de una actividad deseada, libremente elegida y que podemos interrumpir cuando lo deseemos.  Por último, su capacidad abarcadora, es decir, “de jugar no sólo a trabajo, lucha, amor y muerte, sino también al juego” (Fink, 1995 [1979], pág. 259), lo convierte en un espejo de l...

Necesidad del juego

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2.7.1 Necesidad del juego El juego infantil es un medio de preparación para la vida adulta similar al que ejecutan todos los mamíferos. Jacques Monod atribuye al juego “un valor teleonómico como coadyuvante a la cohesión del grupo, condición de su supervivencia y de la expansión de la especie” (1986 [1970], pág. 25). Pero también se juega en la adultez; en este caso el juego puede ser un entrenamiento pero también contribuye a lo que San Martín describe como “la liberación fantasiosa del presente” (2010 [2005], pág. 310). Esta liberación supone una catarsis necesaria para superar los inconvenientes de la vida cotidiana pero que puede resultar adictiva. El ocio, entendido como cesación de toda actividad, suele conducir a un estado de tedio que solo puede ser superado por la realización de alguna actividad. En esta situación la actividad preferida por los humanos es el juego ya que supone una evasión de la realidad y proporciona felicidad. Para los jubilados, “cond...

El juego como fenómeno

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2.7 Juego Fink afirma que el juego es algo más que los múltiples actos lúdicos que realizamos; se trata del modo que tiene el ser humano de relacionarse con lo posible e irreal (1995 [1979], pág. 224). Para Huizinga el juego “es una acción libre ejecutada ‘como si’ y sentida como situada fuera de la vida corriente […] que se desarrolla en un orden sometido a reglas” (San Martín, 2010 [2005], pág. 310) Por supuesto, el juego infantil es solo una de las formas en que se produce el juego y, en este caso tienen un marcado contenido de aprendizaje y socialización. La relación del juego con los otros fenómenos fundamentales (trabajo, lucha, amor y muerte) es abarcante y envolvente. Los comprende y escenifica en el ámbito de lo imaginario o aparente, es decir de la realidad imaginada (Fink, 1995 [1979], pág. 249). La Teoría de juegos analiza los juegos de estrategia como una situación en la que interactúan varios individuos y en la que el resultado final que obtiene cada uno de...

El amor en la cultura

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2.6.3 El amor en la cultura Las relaciones en la estructura familiar, salvo la de la madre con su hijo, están indeterminadas genéticamente. Por eso la cultura, cada cultura, prescribe la forma de esas relaciones, que son el objeto de estudio de la Antropología del parentesco. No obstante, hay un rasgo cultural universal que es la prohibición del incesto (aunque su significado varía con las culturas). El ser humano existe como integrante de un grupo o sociedad (co-existe) y su reproducción es la reproducción de esa sociedad que debe tomar medidas que garanticen su perdurabilidad. Así, algo tan personal, tan íntimo, como la sexualidad y las relaciones sexuales son objeto de regulación legislativa, social y religiosa. A modo de ejemplo citaré algunos elementos de los distintos tipos de cultura: Cultura técnica : Cunas, chupetes, biberones, anticonceptivos, juguetes eróticos, etc. Cultura ideal : Antropología del parentesco, Antropología de la sexualidad, El Kamasutra, Gin...

Rasgos esenciales del amor

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2.6.2 Rasgos esenciales del amor El ser humano no es ajeno a la “pulsión” que lleva a todos los animales a aparearse. Este instinto permanece a través de las generaciones como un impulso de “permanencia” por tiempo indefinido, como un anhelo de alcanzar la inmortalidad. Pero el amor humano es también amor a los hijos y a su descendencia en los que se materializa la transmisión de los genes y de la propiedad material e intelectual. Fink  expone así la humanidad del amor: El amor humano es “pulsión” y acto consciente. El animal se queda en la “pulsión”. No vive “comprensivamente y con sentido los procesos generativos”.  El dios no puede amar, “porque en sí mismo (como se afirma de él) es la plenitud misma del ser, porque nada le falta, nada queda afuera, nada le es sustraído” (1995 [1979], pág. 209). A pesar de lo expresado por Fink, son numerosas y frecuentes las publicaciones en facebook en las que se hace referencia al amor de Dios hacia los seres humanos ...

Necesidad del amor

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2.6.1 Necesidad del amor Fink afirma que mujeres y varones viven como mitades incompletas que consiguen en el amor su “completitud” (1995 [1979], pág. 265). La perpetuación de la especie requiere de la perdurabilidad de los procesos de procreación y nacimiento que supone un modo terrenal de la “inmortalidad de los mortales”  (1995 [1979], pág. 216). Todo grupo humano ha necesitado, a través de los tiempos, de la reproducción para aumentar el número de sus componentes y ser más fuerte frente a otros grupos en competencia. Este hecho puede encontrarse en el origen de la homofobia, tan frecuente en las culturas del Libro. Richard Dawkins en su obra El gen egoísta afirma que somos máquinas creadas por genes, al igual que todos los animales (1989 [1976), pág. 10). La supervivencia de esos genes (y con ellos de la especie humana) depende de las relaciones heterosexuales. Se puede afirmar que sin procreación no hay evolución ni cultura ya que supone el fin de la espe...

El amor como fenómeno

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2.6 Amor Fink se refiere al amor como Eros, es decir, principio de la reproducción humana y como: “presuposición inherente al ser de todos los seres humanos, la gran ilusión de todos los corazones, la pasión más fuerte y la más elevada transfiguración, la más extrema profundidad de alegría y pena al mismo tiempo.” (1995:269). El fenómeno considerado aquí se corresponde con la primera acepción de la palabra amor contemplada en el Diccionario de la lengua española de la Real academia española: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”; pero matizado en el sentido de que el otro ser es del sexo opuesto, ya que Fink se refiere al fenómeno que hace inmortal a la especie humana Otras expresiones utilizadas para referirse a este fenómeno como: apego, afecto, amistad, aprecio, cariño, deseo, etc. deben entenderse como epifenómenos del fenómeno aquí estudiado (amor reproductivo), es decir, ...